-Suponed que tras las dos puertas hay tigres -preguntó el prisionero-. ¿Qué hago entonces?-¡Mala suerte! -contestó el rey.-¿Y suponiendo que no hay tigres tras ninguna de las puertas?-preguntó el prisionero.-Entonces, obviamente, has tenido buena suerte -contestó el rey-. ¡Seguro que podrías haber adivinado esta respuesta!-Bien, supongamos que tras una puerta hay un tigre y tras la otra no, ¿qué pasa entonces? -preguntó el prisionero.-En ese caso, no da lo mismo elegir una habitación que otra, ¿no?-¿Cómo sé qué habitación elegir? -preguntó el prisionero.
El rey señaló los letreros de las puertas de las habitaciones:

En esta habitación no hay ningún tigre,pero en la otra sí

En una de estas habitaciones no hay ningún tigre
y en una de estas habitaciones hay un tigre.
-¿Es verdad lo que dicen los letreros? -preguntó el prisionero.
-Uno de ellos dice la verdad -replicó el rey-, pero el otro no.
Si tú fueras el prisionero, ¿qué puerta abrirías (suponiendo, por supuesto, que prefirieras a la dama)?